Nicolás Veracierta recomienda: ‘Blade Runner 2049’ – En cuerpo y alma

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En caliente, sin dejar que bote y directo a la encía: ‘Blade Runner 2049’ es un notable y contundente espectáculo audiovisual, irregular e imperfecto pero plenamente satisfactorio en su conjunto. De esas experiencias que ganan cuanto más grande y mejor sea la pantalla en la que se muestre… quizá no tanto en la que se disfrute pues, aunque su argumento se sustente en las emociones se trata de una producción ante todo, intelectual.

Literalmente, es un filme en el que sumergirse como si estuviéramos sentados en un museo, en un banco y a pocos metros de uno de esos cuadros que ponen a prueba la resistencia de nuestro cuello. En silencio. Absortos. En paz. Y concentrados. Incapaces de alejarnos lo suficiente como para adquirir una perspectiva global que sea capaz de transmitir las sensaciones que lo hace por partes, según dónde concentremos la mirada.

El pulso narrativo nos lo está pidiendo a gritos, casi exigiendo: Relájate, ponte cómodo y déjate llevar. Durante dos horas y media, que bien podrían ser una menos como podrían ser dos más. De hecho más que una película, es una parte de algo… mayor. ¿Una franquicia? No necesariamente, pero como el mural que aparenta ser se adivina incompleto de forma harto premeditada. Lo dicho, más allá de las emociones existe un componente claramente racional.

Las películas comienzan, y acaban. Las grandes películas viven siempre en nuestra cabeza, al amparo de la expansiva ilusión que nuestra propia imaginación pueda hacer de o con ellas.

Y es que la gran baza de ‘Blade Runner 2049’ es su poderío conceptual, el cual promete imponerse a las posibles reticencias que pueda generar un filme como este, llamado para la posteridad de antemano. De esas películas que apuestan en favor del impacto consensuado con la cabeza del espectador. Por la seducción más romántica. Y como decían en ‘Origen’, una vez que una idea se ha apoderado del cerebro es casi imposible erradicarla.

¿Es ‘Blade Runner 2049’ una gran película? En realidad no, o al menos cuesta abrazarla como tal debido a que hay ciertos “detalles” que rompen el idilio en diversos puntos de su visionado. Ahora bien, no cabe duda que ‘Blade Runner 2049’ estruja tan fuerte como puede su destino al convertirse en esa gran obra… de arte, o no, ya se admite a debate. Pero que no es una película más como cualquier otra al igual que ‘madre!’, nunca jamás.

Una obra de corte reflexiva que, como no podía ser de otra manera, remite continuamente a su precedente. Más bien, al espíritu frío, distante, árido, tenebroso y apesadumbrado de su precedente. De hecho lo mejor de la secuela es esto mismo, la recuperación de esa misma atmósfera… pero en favor de un relato que aunque sustentado directamente en aquella, se erige en algo distinto y con identidad propia. Lo mismo, pero de distinta forma.

Algo parecido en alma y sobretodo en cuerpo, que sobrevive al “35 años después” con enorme entereza y sobrado orgullo aunque se quede, a decir verdad, un poco a medias.

Porque por más que su poderío audiovisual pueda ser verdaderamente sobrecogedor por momentos (dejando a filmes recientes como ‘Ghost in the Shell’ en bragas), no deja de pesar sobre ella ese halo maldito que sobrevuela sobre toda herencia. No es una reinterpretación tan furiosa como ‘Mad Max: Furia en la carretera’, sino más bien una reivindicación que a efectos prácticos no suscita una reacción instintiva tan contundente y demoledora.

En cualquier caso no importa demasiado… ninguna palabra importa demasiado cuando se trata de películas como ‘Blade Runner 2049’, más una experiencia sensorial como el ‘2001: Una odisea en el espacio’ de Stanley Kubrick que una experiencia visceral como el ‘Interstellar’ de Christopher Nolan a la que, palabra más, palabra menos, podemos considerar todo un triunfo por el mero hecho de honrar su destino. Con creces. De estar a la altura de las circunstancias.

Pero sobre todo, por erigirse en ese ALGO que define el por qué ver una película en el cine puede ser como echar un polvo mientras verla en casa puede ser como hacerse una paja. No es perfecta. No es emotiva. No te estruja los huevos. Y puede que no te diga “te quiero” por las mañanas como en las series de la tele. Pero ahí estará contigo siempre, en tu cabeza. Creciendo como un tumor que te volverá loco (en el buen sentido).

Y si no anida en tu cabeza, tranquilo. No te preocupes. No le des más vueltas, que dicho sea sin acritud, para vender juguetes ya están las películas de Marvel, DC o Star Wars…

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

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